SONETO A DON QUIJOTE Y
SU ESCUDERO
Allá
va, lanza
en ristre en la partida,
nuestro valiente Caballero Andante,
contra los aspavientos del gigante,
a matar o morir en la embestida.
-¡Parad,
vuesa merced, los desatinos!
-reclama el Escudero amigo-
que no hay a vuestro frente un enemigo,
sino, aspas girando, de molinos.
Sordo al reclamo, Don
Quijote avanza.
Es hora de afinar la puntería...
Una estocada al brazo, otra a la panza.
Y el noble Hidalgo rueda por la cancha.
Así entre ayes y restos de armería,
a salvo queda, la honra de La Mancha.
TATUVIEJO